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Jesse Owens una estrella del atletismo mundial

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El 25 de mayo de 1935 fue el día en el que Jesse Owens dejaba de ser un joven y desconocido atleta negro que trabajaba en una gasolinera, para convertirse en una estrella mundial del atletismo.
En tan solo 45 minutos batía 4 récords mundiales durante una competición estatal celebrada en Michigan. Y lo hacía descansando solo entre 9 y 15 minutos entre prueba y prueba: 100 metros lisos (9,4 segundos), salto de longitud (8,13 metros), 220 yardas (20,3 segundos) y 220 yardas vallas (22,6 segundos), convirtiéndose en la primera persona que bajaba de los 23 segundos en esta última prueba.


La actuación de aquel día le valió a Jesse Owens el sobrenombre de “El antílope de ébano” y una plaza en los juegos olímpicos de Berlin. Hitler, que sabía que el mundo le miraba, quiso demostrar que los arios eran una raza genéticamente mejor preparada que cualquier otra. Los primeros días, el fuhrer se mostraba exultante de felicidad ante los triunfos alemanes, que aplaudía con entusiasmo.


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Pero llegó el turno de aquel atleta negro y pobre que había sorprendido a todos unos años antes. Una a una mientras aumentaba el cabreo del líder nazi, Owens consiguió cuatro medallas de oro, batiendo otros cuatro records mundiales.


El Fuhrer no aplaudía las medallas de Jesse Owens y si la de los atletas blancos. Cuando un miembro del comité le advirtió de que sería conveniente de que aplaudiera a todos por igual o a ningún atleta, Hitler opto por no aplaudir a nadie.


En la entrega de la cuarta medalla de oro a Jesse Owens, Hitler, atónito y enfurecido, se limitó a abandonar el estadio, según cuentan, para no verse obligado a estrechar la mano del atleta negro. Jesse Owens siempre quitó hierro a esta anécdota histórica de la que dice que no se enteró. Cuando volví a mi país natal, después de todas las historias sobre Hitler, no pude viajar en la parte delantera del autobús. Volví a la puerta de atrás. No podía vivir donde quería. No fui invitado a estrechar la mano de Hitler, pero tampoco fui invitado a la Casa Blanca a dar la mano al Presidente, aseguro Jesse Owens años después.


Chantal Goncalves
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