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Robo de la Monalisa el 21 de Agosto de 1911

El hombre que se la robo, Vincenzo Peruggia, no es el tipo de criminal ingenioso que aparece en tantas películas de Hollywood. Es fácil asumir que el caso causó tal sensación porque la Mona Lisa era “la pintura más famosa del mundo”. Pero no lo era. Lo que realmente la catapultó a la fama fue el robo. “Aparecía en noticieros cinematográficos, cajas de chocolate, postales y vallas. De repente se transformó en una celebridad al estilo de estrellas de cine y cantantes”, escribió Darían Leader, autor de “Robando la Mona Lisa: lo que el arte no nos permite ver”.


Logro entrar en Louvre y salir con la pintura de Leonardo da Vinci con el mínimo de preparación. Pero su robo causo sensación y creo un icono. Notablemente, multitudes acudían al Louvre sólo a ver el espacio vacío donde el pequeño retrato de esa mujer del siglo XVI solía estar.


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Desde antes, el Louvre tenía muchas obras destacadas, como la Venus de Milo, Libertad guiando al pueblo, de Delacroix, y La balsa de Medusa, de Gericault. Pero tras el robo, la Mona Lisa fue la depositaria de un tipo de fama único.


El hurto se tornó en asunto de Estado y despertó grandes pasiones en Francia. Pero una vez los diarios franceses describieron las circunstancias del robo, no tenían nada más que decir. Entonces se inventaron historias, como que Leonardo se había enamorado de La Joconde y otros cuentos similares, dice Jerome Coignard, autor de “Una mujer desaparece”.


La policía siguió muchas pistas sin éxito. Al poeta Guillaume Apollinaire lo metieron a la cárcel por una semana y su amigo pintor Pablo Picasso fue uno de los sospechosos. Ambos eran inocentes.


Ocurrió en lunes, el 21 de agosto de 1911, un día en el que el museo estaba cerrado. No fue sino hasta el martes que notaron el hurto. La policía empezó la investigación y el centro permaneció cerrado durante una semana en medio del escándalo. “La  Joconde” -como le llaman los franceses a la Mona Lisa- desapareció por más de dos años. Fue recuperada el 10 de diciembre de 1913, cuando Peruggia fue atrapado luego de que le entregara la pintura  a Alfredo Geri, un anticuario de Florencia. “Era el robo de propiedad más famoso en tiempo de paz”, señala Noah Charmey, autor de “Los robos de la Mona Lisa”.


Chantal Goncalves


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