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Una serpiente es devorada desde dentro por su presa



Por lo visto, el apetitoso bocado decidió encontrar un camino de salida y se desplazó a mordiscos por el interior del cuerpo del ofidio hasta ver la luz cerca de la cola. Ni el depredador ni la presa sobrevivieron al fatal encuentro gastronómico.

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Posiblemente, la víbora creyó que su contrincante iba a ser mucho más fácil. Y se equivocó. La longitud total de la víbora era 20,3 cm y su anchura, de 9 mm (sin la presa), mientras que el ciempiés medía 15,4 cm, con un contorno de 10,1 mm. Inesperadamente, la masa de la víctima era mayor que la del depredador: la víbora pesaba 4,2 g y el ciempiés 4,8 g. En resumen, la presa constituía el 84% de la longitud del tronco del depredador, el 112 % del ancho de su cuerpo y el 114 % de su peso corporal. Demasiado para una sola comida y una pesada digestión.

Una disección posterior reveló la ausencia de órganos viscerales de la serpiente, permaneciendo solo la pared de su cuerpo. Todo el volumen corporal había sido ocupado por el ciempiés, por lo que los investigadores creen que la presa causó un daño químico o mecánico a los órganos digestivos del depredador.

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En la isla de Golem Grad, las víboras adultas se alimentan de lagartos, serpientes y conejos pequeños, mientras que las juveniles consumen lagartos y escolopendras. Muchas serpientes y otras especies a menudo se alimentan de presas potencialmente peligrosas y hay informes de serpientes que mueren, por ejemplo, por asfixia, por intentar meter en sus bocas piezas de gran tamaño. Sin embargo, algunas aprenden a evitar este tipo de situaciones.

Según los investigadores, aunque se han observado antes víboras juveniles que consumen escolopendras, en este caso «la serpiente subestimó gravemente el tamaño y la fuerza del ciempiés», explican en su estudio.

ABC