Las maldiciones han estado presentes en la creencia popular durante siglos. Algunos aseguran que ciertos objetos tienen el poder de causar desgracia, incluso la muertre, a quienes entran en contacto con ellos. Conoce algunos de los objetos “malditos” más populares y decide; ¿coincidencia o poder sobrenatural?

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La tumba de Tutankamón
En 1922, el explorador inglés Howard Carter llevaba a cabo una expedición financiada por George Herbert, el quinto conde de Carnarvon, cuando descubrió la tumba del antiguo rey egipcio Tutankamón, llena de riquezas. Tras abrir el sepulcro, comenzaron a suceder una serie de acontecimientos extraños. De acuerdo con algunos reportes, el lugar de descanso final del monarca estaba custodiado por una piedra cuya inscripción advertía: “La muerte vendrá en alas por aquel que entre en la tumba del faraón”.


Cuatro meses después del descubrimiento, Lord Carnarvon murió de una neumonía después de sufrir complicaciones a causa de una picadura infectada de un mosquito. Se dice que en el momento exacto de su muerte, se fundieron las luces en El Cario y, en Inglaterra, su perro cayó muerto. Varias otras personas involucradas en la expedición también fallecieron, incluyendo el ayudante de Carter, el padre de su asistente y algunos de sus familiares. Carter, sin embargo, escapó la supuesta maldición.

Se ha especulado que algunas de las muertes pueden atribuirse al moho tóxico  y las bacterias que fueron perturbadas cuando se abrió la tumba. A pesar de las curiosas coincidencias, la gran mayoría de las personas relacionadas con el hallazgo vivieron vidas largas y sanas.

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El diamante  Koh-i-Noor
El misterio y la desgracia han acompañado a este famoso diamante de 186 quilates durante siglos. De acuerdo con la leyenda, la joya fue robada del dios Krishna. Desde entonces, la muerte ha seguido a cualquier hombre de la realeza que lo haya tenido en su poder.

El Koh -i-Noor aparece por primera vez en los registros del imperio Mogul en 1304. Cuando Delhi fue invadida por el ejército persa, el emperador escondió la gema en su turbante. Fue asesinado por el persa Nadir Shah, quien nombró al diamante. Casi 110 años después, fue adquirido por la British East India Company. Por suerte, la maldición no parece afectar a la Reina de Inglaterra, ya que la piedra preciosa ha adornado la corona de coronación desde 1911. (Conoce la madlición del diamante Hope).

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El cuerpo de Ötzi
Ötzi, también conocido como el Hombre de Similaun, fue el nombre que recibió la momia congelada de un hombre que vivió durante la Era de Bronce. Fue descubierta 5,300 años después de su muerte, en los Alpes de Ötzal (en la frontera austro-italiana) en 1991. Un año después, Rainer Henn, patólogo forense que examinó a Ötzi, murió en un accidente automovilístico. Kurt Fritz, el guía que llevó a Henn al cuerpo, murió en una avalancha al poco tiempo. Helmut Simon, quien descubrió la momia, murió a causa de una caída durante una excursión en 2004 y Dieter Warnecke, quien encabezó el equipo de rescate que buscó el cuerpo de Simon, murió de un ataque al corazón unas horas después del funeral de Simon.

Si bien estos acontecimientos parecen sorprendentes, teniendo en cuenta el centenar de personas que han participado en la investigación sobre Ötzi, el número de muertes ocurridas realmente no es inusual.

El ataúd de Tamerlán
Considerado el último de los grandes conquistadores nómadas de Asia Central, este líder militar y político turco-mongol fue responsable de casi 17 millones de muertes. En 1921, Joseph Stalin envió a un grupo arqueológico a abrir la tumba de Tamerlán, ubicada en Samarcanda, Uzbekistán, suscitando la preocupación de los residentes locales.

Al abrir el ataúd, los arqueólogos descubireron una inscripción: “El que abra mi tumba desatará un invasor aún más terrible que yo”. En cuestión de horas, las tropas de Adolf Hitler invadieron Rusia. Se estima que 26 millones de personas murieron como resultado. En 1942, Stalin ordenó  que los restos de Tamerlán fueran regresados a Samarcanda y enterrados bajo el rito islámico. Poco después, el ejército alemán se rindió en Stalingrado, poniendo fin a su campaña contra los rusos.

El niño que llora
El niño que llora es una reproducción impresa en serie de un cuadro del pintor italiano Giovanni Bragolin. En la década de 1950, gozó de una amplia distribución y el retrato se hallaba con frecuencia en los hogares de Inglaterra. Sin embargo, pronto adquirió una reputación siniestra.

Los bomberos empezaron a notar que las viviendas en donde la pintura estaba presente a menudo eran consumidas por devastadores incendios. Entre las ruinas  calcinadas, el retrato siempre se hallaba intacto. El periódico sensacionalista británico, The Sun, publicó la historia en 1985, propagando la creencia de que colgar esta obra de arte en tu casa podrá invitar una catástrofe.

Una posible explicación que desde entonces se ha dado a concocer, es que las impresiones fueron tratados con un barniz que contiene repelente de fuego.

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