Epilepsia, el problema neurológico más frecuente en las mascotas



Causas Pueden ser muy diversas y de diferente naturaleza. Si se observan algunos de los síntomas es importante acudir al veterinario para que establezca el protocolo diagnóstico necesario

Mi perro ha sufrido un ataqu  con convulsiones”. Escuchamos esta frase con mucha frecuencia en la práctica clínica diaria. De hecho, las crisis epilépticas son el problema neurológico más frecuente en los animales de compañía, y a grandes rasgos, están provocadas por una descarga neuronal excesiva, es decir, por una actividad eléctrica anormal en la corteza cerebral.


Cuando ésta se produce, nuestro paciente puede presentar desde un cuadro de convulsiones (alteración motora) hasta una alteración sensorial (alucinaciones o dolor), pasando por signos vegetativos (micción, defecación, vómitos) o alteración de la consciencia (automatismos, persecución de la cola…). Cualquiera de estos cuadros tan distintos puede ser debido a una crisis epiléptica, pero ello no quiere decir que el paciente sea epiléptico; solo se considera como tal si el problema es crónico y aparecen crisis epilépticas de forma repetida.

Las causas de las crisis epilépticas pueden ser muchas; presentan estas crisis animales que sufren una infección que afecte al sistema nervioso, como moquillo, meningitis o rabia; pacientes con tumores intracraneales; en casos de problemas vasculares en el SNC; en animales que han sufrido un traumatismo craneoencefálico; en pacientes con problemas congénitos como la hidrocefalia; en animales intoxicados por plomo, insecticidas, estricnina o en perros con enfermedades metabólicas como la hipocalcemia o por alteraciones hepáticas.

En todos esos casos, la epilepsia es secundaria a una enfermedad previa, por lo que el tratamiento de la enfermedad que la provoca será nuestro objetivo. Pero cuando no hay una causa conocida, se considera que el proceso es una epilepsia idiopática (primaria o genética), cuyo tratamiento será el empleo de medicamentos antiepilépticos con el fin de controlar la aparición de las crisis.


Por ello, cuando acude a la consulta un paciente que ha sufrido una crisis es necesario realizar una historia clínica lo más completa posible, un examen general y una exploración neurológica que nos permita descartar la existencia de una enfermedad que la haya provocado, y en caso de que no se encuentre nada, se deben realizar pruebas complementarias como analíticas sanguíneas, ecografía, pruebas hormonales, y en último caso, a veces hay que recurrir al estudio del cráneo, a través de la resonancia magnética.

Una vez que se han descartado todas las causas posibles, el diagnóstico que nos queda es la epilepsia idiopática o primaria, cuya presentación suele ser en pacientes de uno a cinco años. Por todo ello, si observamos alguno de los síntomas anteriormente mencionados, es importante acudir al veterinario para que establezca el protocolo diagnóstico necesario.

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