La glándula tiroides regula la energía de todo el organismo: cuando la tiroides se desarregla, es todo el organismo el que funciona mal. Cuando se es propenso al hipertiroidismo, el organismo se acelera y conlleva una pérdida de peso rápida a pesar del buen apetito, se provocan diarreas, taquicardias, nervios e inquietud extrema, así como sensación de calor, sed, entre otros.

Cómo saber si tienes problemas en la tiroides

Un análisis de sangre precoz permite detectar una disfunción de la tiroides antes incluso de la aparición de los primeros síntomas. Este análisis de sangre permite la dosificación de la TSH, la hormona que regula la actividad de la glándula tiroides. Una tasa normal de TSH se sitúa entre 0,2 y 4 microunidades/mililitro. Algunas personas deben efectuar esta dosificación de forma regular, puesto que tienen un riesgo elevado de desarrollar una disfunción de la tiroides.

Las mujeres embarazadas son más propensas a padecer estos problemas. A lo largo del embarazo, las necesidades de hormonas de la tiroides aumentan. Además, este período modifica también el funcionamiento del riñón, provocando una importante pérdida de iodo, elemento indispensable para la fabricación de las hormonas. Las mujeres embarazadas están más expuestas a pequeños hipotiroidismos. Sin embargo, el desarrollo psicomotor del feto depende mucho del buen estado de la tiroides de la madre.

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Las personas que padecen bocio deben ser más vigilantes. El bocio es un aumento del volumen de la tiroides. Al comienzo, la tiroides funciona normalmente, pero con el tiempo, unos nódulos se desarrollan y pueden hacerse hiperactivos. Los bocios evolucionan hacia el hipertiroidismo.

Al envejecer, la tiroides puede, por el contrario, atrofiarse y perder progresivamente sus funciones. Esta es la razón de por qué las personas mayores pueden verse afectadas por el hipotiroidismo, concretamente las mujeres con la edad de la menopausia.

Tratamiento de la tiroides

Si los análisis de sangre revelan hipotiroidismo, el médico tendrá que aportar al organismo la cantidad suficiente de hormonas para que la tiroides actúe con normalidad.
El tratamiento del hipertiroidismo, por el contrario, es más complicado. El endocrinólogo puede prescribir antitiroideos para frenar la fabricación de hormonas. En ciertos casos, unas inyecciones de iodo radioactivo e incluso una intervención quirúrgica pueden ser necesarias para paralizar una parte del tiroides. El hipertiroidismo suele estar provocado por el estrés o choque psicoafectivo.

 


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