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Se han realizado estudios sobre el virus que esta detrás de la conciencia del ser humano


La consciencia es un enigma, probablemente el mayor enigma tanto en filosofía como en ciencia. Las cuestiones fundamentales que plantea son: ¿qué es la consciencia? ¿de dónde procede? y ¿para qué sirve?

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El filósofo australiano David J. Chalmers distingue entre los “problemas fáciles” y el “problema duro o difícil” (hard problem) de la consciencia. Los problemas fáciles tratan la consciencia como una facultad mental más y analizan temas como la discriminación entre estímulos sensoriales, la integración de la información para guiar el comportamiento o la verbalización de estados internos, cómo se integran los datos sensoriales con la experiencia del pasado, cómo focalizamos la atención o lo que distingue el estado de vigilia del sueño. Pero el “problema difícil” de la consciencia es saber cómo los procesos físicos cerebrales dan lugar a la consciencia, cómo las descargas de millones de neuronas pueden producir la experiencia consciente, la experiencia subjetiva.

Un virus antiguo podría haber dado lugar a una proteína (llamada Arc) a la que debemos la comunicación entre las células nerviosas, que finalmente derivó en nuestro despliegue de habilidades cognitivas complejas, como la propia conciencia.

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Eso es lo que sugiere un equipo de científicos de la Universidad de Utah que ha publicado este estudio en la revista Cell.

Según Jason Shepherd, líder del trabajo, la posibilidad de que las proteínas parecidas a virus puedan ser la base de una forma novedosa de comunicación de célula a célula en el cerebro podría cambiar nuestra comprensión de cómo se hacen los recuerdos. Habida cuenta de que Arc parece una proteína viral, en el estudio se diseñó una serie de experimentos para probar si también obraba como un virus. La respuesta es que sí.

Según explica Elissa Pastuzyn, coautora del estudio:

Entramos en esta línea de investigación sabiendo que Arc era especial en muchos sentidos, pero cuando descubrimos que Arc podía mediar el transporte de ARN de célula a célula, nos quedamos sin palabras. Ninguna otra proteína no viral que conocemos actúa de esta manera.

Estos pequeños paquetes de información podrían ser elementos críticos de cómo los nervios se comunican y se reorganizan con el tiempo, tareas que se consideran necesarias para el pensamiento de orden superior. Aún no está claro qué hace esa información cuando llega a una nueva célula, pero los investigadores descubrieron que sin el proceso funcionando adecuadamente, las sinapsis desaparecen. Y los problemas con el gen Arc tienden a aparecer en personas con autismo y otras afecciones neuronales atípicas.

Aunque puede sonar sorprendente que fragmentos del código genético humano provengan de virus, otros estudios sugieren que entre el 40 y el 80 por ciento del genoma humano proviene de alguna invasión viral arcaica.