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Emperatriz castigo a su hijo mandando ha arrancarle los ojos para llevar el trono y el poder


Esta emperatriz Irene a sido recordada por un hecho bastante cruel que fue arrancarle los ojos sin ningún tipo de preocupación a su propio hijo y gobernar con mano de acero un imperio de hombres. Hija de familia muy influyente también fue conocida por su hermosura y por ella llego al trono de Bizancio mediante un concurso de belleza donde fue elegida para ser la esposa del hijo menor del emperador Constantino V.

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Constantino V consideró que Irene de 14 años era un buen partido y les dio su bendición. La boda se celebró en 769. Los recién casados inmediatamente fueron declarados coemperadores con Constantino, un procedimiento habitual para asegurar la herencia.

Esto era porque el marido de Irene, León IV, tenía cinco medios hermanos menores, los llamados césares, que eran hijos de la última esposa de Constantino. Por lo que, al  ser coemperadores se intentaba evitar que los césares conspiraran para quitarle el puesto al heredero.

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En esta moneda aparece León IV y Constantino VI.

En 771, Irene parió un hijo varón, a quien llamaron Constantino VI, en honor a su abuelo. Cinco años más tarde murió el viejo Constantino V.  León IV y su esposa asumieron todo el poder y coronaron a su pequeño hijo como coemperador. Ya se rumoraba que la pareja nunca había tenido una buena relación de matrimonio de hecho varios historiadores aseguran que nunca funcionaron como pareja.

La gente comenzó a sospechar ya que nunca tuvieron mas hijos y el pueblo vio en Irene el deseo de tener el control absoluto del poder. El esposo Reinaldo de Leon IV murió diez años después que su padre algo que hizo que los rumores fueran en aumento, en los que se decía que Irene lo había envenenado cuando tan solo tenia 25 años.

Los hermanos de León se pusieron a conspirar para tomar el trono. Descubierta la conjura, Irene les mandó azotar y los obligó recluirse para siempre en un convento y, de vez en cuando, podían repartir la eucaristía como humildes monjes.

El hijo Constantino VI peleaba mucho con su madre, era una batalla dia tras dia hasta el punto donde ella lo golpeaba y el le devolvía los golpes. El conficto fue en aumento convirtiendo el palacio en un desastre.

Finalmente, Constantio VI encerró a Irene en un palacio para comenzar a reinar por derecho propio. Pero la paz duró poco y en 792 hizo algo que nadie se esparaba. Él permitió que su madre regresara a la corte y la nombró coemperatriz.

En cuanto Irene retomó las riendas del imperio, en 793, los césares intentaron una nueva conspiración para quitarle del trono. Esta vez la respuesta de la emperatriz fue tajante: el mayor, Nicéforo, fue cegado, y a los otros cuatro les cortaron la lengua.

Un par de años más tarde, Constantino VI, repudió a su esposa, María, y se casó con Teodota, una camarera de Irene. El grave problema fue que su segundo matrimonio fue considerado adúltero y escandaloso. Muchos aseguran que el primer matrimonio fracasó por culpa de su madre.

En esta moneda aparece la figura únicamente de la emperatriz Irene.

Su hijo Constantino VI se sentía tan abrumado por los problemas con su madre que intento huir y unirse con lo enemigos en Constantinopla, pero fue detenido por su propia madre y fue allí donde lo castigo con algo que el nunca imagino. Ella pido que llevaran al mismo sitio donde lo pario hacia 26 años en la Camara Porfida del Palacio y pidió que le sacaran los ojos.

La sangrienta emperatriz que llegó al poder por su belleza era, al fin, libre para reinar. Irene, que tanto y tan ferozmente luchó por escapar de su identidad y su destino de mujer, hoy es recordada sobre todo como la madre que cegó a su propio hijo.