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¿Tienes un niño respondón en casa?



Cuando tenemos niños pequeños en casa suele pasar que en oportunidades se comporten de maneras que no nos agraden . Como por ejemplo cuando los mandamos a recoger sus juguetes y la respuesta que muchas veces no nos agrada es: “¡No quiero! . “Cuándo un niño nos dice una mala repuesta, está expresando su enojo, frustracion, miedo o si se siente herido”,

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Que puedes hacer si tu hijo es respondón:

Si identificas ciertas situaciones que casi siempre hacen que tu hijo responda mal, mira si puedes ayudarlo a solucionar el problema desde antes.

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Por ejemplo, si acostumbra enojarse cada vez que le pides que limpie su habitación porque siente que lo interrumpen de alguna actividad que le gusta, dale un aviso con 5 minutos de anticipación y dile que después de eso tendrá que recoger los juguetes.

O quizá se levanta todas las noches de su cama porque “es una cama horrible” pero en realidad tiene miedo de las sombras que se ven en la pared. En ese caso dale una pequeña lámpara de mano o pon cortinas que cubran la luz que entra y provoca sombras.

Si eliges la ropa de tu niño para usar al día siguiente y al él le parece una horrible opción, piensa ¿esto vale la pena una discusión? Una posible solución sería decirle con calma: “si no te gusta esa blusa puedes elegir otra, pero es importante que lo pidas con educación”.

Pregúntate si tu hijo podía estar imitando alguna situación que ha visto en una película o en la television. Los niños respondones son populares en la televisión. Vigila lo que tu hijo ve para que te asegures de que no recibe mensajes inapropiados.

Busca también si hay un patrón en el comportamiento de tu hijo cuando responde mal. ¿Será que sucede cuando está cansado o sobre estimulado? Quizá lleva demasiadas actividades para su edad y necesita algo de tranquilidad.

Asegúrate que tu hijo entienda qué palabras están permitidas y cuáles no. Si está prohibido decir «¡guácala!» a la hora de la comida, o si no te hace ninguna gracia que conteste a tus explicaciones con un «¡ya lo sé!», explícaselo claramente. Dile «No se habla de esa manera. Por favor háblame educadamente».

Enséñale también a tu hijo que no tiene que decir todo lo que piensa. No hay por qué decirle a la abuelita, por más inocente que sea el comentario, que su pastel quedó crudo. Y la cajera del supermercado tampoco necesita escuchar que tiene unos kilos de más.

No reacciones de forma exagerada, ni tampoco armes una gran pelea debido a las palabras que expresó o el tono de voz que usó. Y, por supuesto, nunca le pagues con la misma moneda. La mejor manera de enseñarle a tu niño que debe de hablarte con respeto es hacer tú lo mismo. Le puedes decir: «Creo que puedes encontrar una manera mucho mejor de decir eso». Evita decirle: «¡No me hables de esa manera, qué maleducado eres!». De esa manera no le darás un buen ejemplo a tu niño y sólo intensificarás su frustración.

Cuando tu niño manifieste verbalmente su enojo, dile que te importa lo que él siente, aunque no apruebes la manera en que está expresando sus sentimientos. Muchas veces el simple hecho de reconocer sus emociones (como al decirle «hijito, parece que esto de verdad te ha molestado»), calmará la furia de tu pequeño, y no te verá como su adversaria.

Si le das a tu hijo el poder de tomar algunas decisiones a lo largo de su día, tendrá menos necesidad de imponerse de manera ofensiva. O sea que dale muchas oportunidades apropiadas para que él solito pueda elegir.

Pero no lo agobies (ni te agobies a ti misma) dejando que decida todo, mejor concéntrate en lo que es más importante para él. Pregúntale «¿Prefieres ponerte la chaqueta verde o la roja?» o «¿Te gustaría hoy ir a la biblioteca o al parque?».

Si tu niñito se pone insolente, trata de no discutir o negociar con él. Eso sólo reforzaría su comportamiento. Si, por ejemplo, están jugando a un divertido juego de Twister y tu niño salta con un «¡No me caí, tonta!», dile que ya no jugarás hasta que te hable de manera educada. Si sigue hablándote mal, cumple tu promesa y termina inmediatamente el juego (sin darle otra oportunidad). Sal de la habitación diciendo, «Hablaremos cuando estés listo para portarte mejor».
Si enseñas a tu hijo que te tienes respeto y no vas aceptar que te trate groseramente , le vas a enseñar lo que significa el respeto y te ganas el suyo.