Hablemos hoy de Alonso Andrea de Ledesma, el así llamado “Quijote de Caracas”, por haber salido en defensa de la ciudad y resultar muerto en esa causa, a fines del s. XVI.

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Alonso Andrea era ya baquiano en la provincia cuando en 1561 junto con su hermano Tomé de Ledesma, de oficio espadero, participa en la rendición y muerte del tirano Aguirre en la Nueva Segovia de Barquisimeto. Trabaja en la conquista de Caracas, en el que en alguna de las entradas contra los rebeldes de Guaicaipuro que le hacían tenaz resistencia a los castellanos, su caballo sale herido en una pata víctima de una de las puyas envenenadas que estos teques plantaban en el camino de sus victimarios. Ledesma debió destacarse en esos predios montañosos entre Caracas y Santa Lucía, recibirá en el reparto de indios y premio a sus servicios de conquista la encomienda de Baruta, al sureste de Santiago de León.


Alonso y Tomé fueron de los primeros pobladores que se avecindaron en Santiago de León al momento de su fundación por Losada, en 1568. A Ledesma se le otorgó el solar de Jesuitas sureste al momento del trazado de la ciudad, que es donde tuvo sus casas de habitación hasta su muerte. Casó en su momento con Francisca Hernández Mateos, hija de Pedro Mateos y nieta de Esteban Mateos, connotado poblador de Coro, El Tocuyo y Barquisimeto. Una Mateos hermana de Pedro Mateos casó con el célebre Damian del Barrio. Esta filiación de Alonso Andrea con Del Barrio explica quizás el que Tomé de Ledesma, hermano de Alonso, habitara a mediados de 1575 el solar de Torre noreste, diagonal a la plaza mayor, solar que le había sido otorgado a Gabriel de Ávila en la fundación, pues este conquistador “alferez de la jornada” de Caracas -y quien muere hacia 1573- estuvo casado con una hija de Damián del Barrio.

A fines de mayo de 1595 suenan las campanas de alarma de la iglesia mayor, en la pequeña Santiago de León, alertando de corsarios herejes enemigos que han desembarcado y tomado la casa de aduana y atarazana en La Guaira, que por entonces era todo lo fabricado en la rada de ese vital puerto. Casualmente el oficial encargado de la custodia de esa aduana -y que hacía de autoridad de puerto- era Tristán Muñoz, casado con una hija de Alonso Andrea de Ledesma.

La situación no podía ser más grave. El gobernador don Juan de Pimentel no estaba ni podía asumir la defensa de la ciudad, ausente en el interior de la gobernación cumpliendo con la visita de las encomiendas de la provincia a que lo obligaban las leyes de Indias. Los testimonios de los escapados de La Guaira a Caracas informaban de un escuadrón de cuatro compañías, cuatrocientos ingleses bien armados con picas y arcabuces que ocupaban ya Maiquetía, al oeste del puerto, y la encomienda de Guaicamacuto, al oriente. Muchos de los prohombres de la ciudad y capitanes capaces de resistir militarmente al inglés estaban acompañando a Pimentel, por lo que los alcaldes de la ciudad forman con el resto del poblado y vecinos capaces de tomar las armas una milicia apresurada, que con caballos e infantes de a pie sale por la Puerta de Caracas montaña arriba, para hacerse fuertes e impedir el paso del enemigo en la trinchera que guardaba el camino de Las Dos Aguadas, ladera norte de la montaña, frente a La Guaira.

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La ciudad desguarnecida ve entonces con sorpresa y temor que los ingleses han burlado la defensa en la montaña que le preparaban los alcaldes en el Camino de La Guaira, y surgido sorpresivamente por los lados de lo que luego sería San Bernardino. Corren las mujeres y niños a La Vega y Antímano con las pocas joyas que alcanzan llevar en mano, buscando huir de la toma de la ciudad y el saqueo de los herejes. Las banderas enemigas, que ya se divisan, y los disparos de aviso de sus arcabuces anuncian desmanes sin remedio.

Unos seis o siete vecinos, que por diversas razones han quedado en la ciudad, deciden enfrentar al inglés, entre ellos Cristóbal Mexía de Ávila y el viejo Alonso Andrea de Ledesma. En sus caballos, armados de lanza, rodela y espadas, se posicionan al noreste del poblado por los lados de lo que hoy es Cotiza, como última defensa, eludiendo los disparos de los arcabuces con el continuo moverse a caballo. Mas Alonso Andrea va más allá, y para demostrar que hay defensa de la ciudad, se aparta de sus compañeros y carga temerariamente contra uno de los escuadrones varias veces, logrando herir a algún inglés, lo que obliga a los soldados del corsario a dispararle, derribándolo de su montura. No estaba pues, solo en su empresa Ledesma, como se ha afirmado.

Amías Preston, el capitán corsario, se portó con nobleza con el soldado oponente fallecido, como militar que era. Se dice -y es posible- que le rindió honores a Ledesma en reconocimiento de su valentía. Se ha dicho que Ledesma fue enterrado en la montaña, a donde se piensa que cargaron los ingleses su cuerpo cuando se retiraron por el Camino de los Españoles, algunos días después de la toma de Caracas. Otros afirman que Preston hizo enterrar el cuerpo de Ledesma en la plaza mayor.

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Lo cierto es que, en esos días en que tuvo en sus manos a Santiago de León, el corsario permitió hacerle honras fúnebres a Andrea de Ledesma en la iglesia, y consta que en ese templo fue enterrado, según documentos posteriores de recibo de funeral firmados por el cura y el tutor de sus hijos descendientes, mitos y leyendas aparte…

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