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Origen del Abrazo de Año Nuevo




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“Tienen los franceses una bella costumbre que nosotros deberíamos imitar…El día primero del año todos los que han tenido algunas relaciones se buscan, se abrazan y se dan el ósculo de la amistad, dando por terminadas todas las diferencias”
Tomás Lander
– El venezolano, Caracas 13 de enero de 1823.

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También reseña Caremis en su libro
“Plaza Bolívar Corazón de la Patria”

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El Venezolanísimo Abrazo

«De algo muy venezolano como es el abrazo de Año Nuevo, bordó una fina estampa Andrés Eloy Blanco.
Fue cuando finalizaba el año de 1923, la medianoche madrileña del 31 de diciembre. Vibra en medio de la nostálgica madeja de estrofas. En un Madrid alegre, cordial y desbordado, para él tan propicio por la gloria poética del premio al Canto a España, pero en una noche singular para sentir la ausencia, para escuchar el pleamar de la nostalgia:

“ Aquí es tradición que en esta noche,
cuando el reloj anuncia que el Año Nuevo llega,
todos los hombres coman, al compás de las horas,
las doce uvas de la Noche Vieja.
pero aquí no se abrazan ni gritan ¡Feliz Año!
como en los pueblos de mi tierra;
en este gozo hay menos caridad; la alegría
de cada cual va sola y la tristeza
del que está al margen del tumulto acusa
lo inevitable de la casa ajena”

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Así el joven y laureado poeta, meditativo ante la Puerta del Sol, soñando en la ruta de las carabelas tres años antes de la proeza de Lindbergh, haciendo un recorrido de sueños y remembranzas desde la tierra castellana hasta la arena cumanesa, desde las bocas del Guadalquivir hasta las del Orinoco, desde el Mediterráneo hasta el Mar de las Antillas y desde la gran plaza madrileña hasta la Plaza Bolívar de Caracas, pintada en sus versos famosos:

“¡ Oh, nuestras plazas, donde van las gentes,
sin conocerse, con la buena nueva!
las manos que se buscan con efusión unánime
de ser hormigas de la misma cueva;
y al hombre que está solo, bajo un árbol,
le dicen cosas de honda fortaleza:
-Venir, compadre, que las horas pasan,
¡Pero aprendamos a pasar con ellas!-
Y el cañonazo en la Planicie
Y el Himno Nacional desde la Iglesia,
y el amigo que viene a saludarnos:
-¡ Feliz Año, señores!- y los criados que llegan
A recibir en nuestros brazos
El amor de la casa buena.
Y el beso familiar a media noche:
-La bendición, mi madre.
-¡Qué el señor te proteja…!
Y después, en el claro comedor de la familia
Congregada para cena..”

La ilustración que acompaña este artículo es obra del pintor italiano Arturo Faldi quien encargado por el gobierno de Joaquín Crespo hacia 1895 realizó unas cuantas acuarelas en sepia que iban a ilustrar un lujoso libraco sobre Venezuela que quedó inconcluso pues su gran patrocinante Joaquin Crespo había sido asesinado.
De ese gran libro se conocen unas cuantas páginas, dos ejemplares existen en el mundo. Caivanno el escritor de esas páginas había hecho una edición mucho más modesta sobre Venezuela en 1890 y tantos cuyo texto tal vez era el que llevaría la edición de lujo e ilustrada que quedó para siempre trunca

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