La historia de Sarah Müsben es tan macabra como su fotografía. Ella nació en 1813 en Suecia y, por diversas situaciones inquietantes, sus padres la internaron en un centro psiquiátrico cuando solo contaba con siete años de edad. Al parecer, cuando pasaba la medianoche, los hermosos ojos azules celeste de Sarah se nublaban y ella comenzaba a retorcerse de dolor. Comenzó a decir que el mismo demonio tenía el control de su cuerpo. Habían madrugadas en donde ella quedaba paralizada en el suelo, manteniéndose sentada, riéndose de manera descontrolada y ensordecedora.

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Sus padres en esos momentos estaba preparados para no recibir su “mirada de odio”, a la que ellos llamaban. Una mirada oscura y siniestra que Sarah lanzaba en esos letargos en donde, de manera desconocida, los que la recibían, terminaban en miseria y desdicha. Los que habían recibido esas miradas habían sido sus tres nanas, una tía y dos sirvientas. Durante las “miradas de odio”, a Sarah se le ponían los ojos totalmente negros y colocaba una horrible mueca de terror.


Sarah Müsben falleció a la temprana edad de trece años. Fue sepultada sin recuerdos, ya que cada memoria que tenían sus padres y familiares sobre ellas, eran mortificantes. Pero sus padres no podían permitir que el recuerdo de su hija fuera todo maléfico, así pues, pidieron que se le realizara una foto Post-Mortem para mantener su recuerdo. Ellos pagaron a un gran embalsamador para que limpiara el cuerpo y lo destapara para el momento de la fotografía, en donde todos los familiares y amigos más allegados de la familia los acompañarían.

El helado cuerpo muerto de Sarah abrió los ojos justo al momento de la foto y, para sorpresa de los presentes, los tenía completamente negros. Parecía enfrentar con la mirada a todos aquellos que la observaron. Segundos después, Sarah volvió a cerrar los ojos, como si nada.

Días después del entierro de la niña, cada uno de los presentes al momentos de tomar la fotografía comenzaron a morir en extrañas circunstancias; accidentes raros, mala fortuna, cosas inexplicables, etc. Todos ellos se encontraron con los ojos completamente negros, como los tenía Sarah Müsben en la foto Post-Mortem.

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Los padres de Sarah y el fotógrafo fueron los últimos en morir. Se dice que enfrentaron el tormento del infierno antes de fallecer, unas últimas semanas llenas de dolor, agonía y sufrimiento. Se dice que todo aquel que mire la foto y no quiera morir en pocas semanas, deberá de “transferir” la maldición a un conocido, a quien sea. Querido lector, si leíste esta publicación es porque yo vi la fotografía y obviamente quiero tener otro destino que ese. Si no quieres terminar de ese modo, haz que algún conocido vea la foto y éste decida si quiere transferir la maldición a alguien más o quedarse con ella. ¡Éxitos!

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