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La Caracas que conoció Alejandro de Humboldt en 1800




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El barón Alejandro von Humboldt estuvo en Santiago de León por unos meses del año 1800, luego de su paso por Cumaná. Fue un sabio insigne, y sus impresiones sobre Caracas, y en general sobre la Venezuela previa a la emancipación -que tuvo la suerte de conocer-, demuestran el amor que guardó por sus habitantes y territorio, al punto de mantener un recuerdo privilegiado de su estadía en Venezuela en su ancianidad, según testigos. Presentamos algunos extractos referentes a Caracas de su célebre obra Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente.

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“Dos meses hemos permanecido en Caracas M. Bonpland y yo, habitando una casa grande, casi aislada, situada en la parte más elevada de la ciudad. Desde lo alto de una galería podíamos descubrir al mismo tiempo la cima de La Silla, la cresta de Galipán y el risueño valle del Guaire, cuyo rico cultivo contrasta con el sombrío cerco de montañas que lo rodea. Estábamos en la estación de la sequía, en la cual, para mejorar los pastos, se pone fuego a la paja que cubre las faldas de la serranía.

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Si teníamos razón para estar satisfechos de la posición de nuestra vivienda, todavía lo estábamos más por la acogida que nos dieron los habitantes de todas las clases, y es un deber para mí citar la noble hospitalidad que nos dispensó el jefe de gobierno, el señor Guevara Vasconcelos, entonces capitán general de las provincias de Venezuela.

Me ha parecido que en México y en Bogotá hay una tendencia decidida al estudio profundo de las ciencias, en Quito y en Lima más gusto por las letras y por todo lo que puede lisonjear a una imaginación ardiente y viva. En La Habana y en Caracas, mayor conocimiento de las relaciones políticas de las naciones, y miras más amplias sobre el estado de las colonias y de la metrópoli. La frecuencia de comunicaciones con el comercio de Europa, y aquel mar de las Antillas que hemos descrito como un mar Mediterráneo con muchas bocas, han influido poderosamente en los progresos de la sociedad en la isla de Cuba y en las hermosas provincias de Venezuela. En ninguna otra parte de la América española ha tomado la civilización un aspecto más europeo: el crecido número de indios agricultores que habitan México y el interior de Nueva Granada, dan a estos vastos paísesun carácter particular, acaso más exótico, pero en La Habana y en Caracas, a pesar de la población negra, se cree uno estar más cerca de Cádiz y de los Estados Unidos que ninguna otra parte del Nuevo Mundo.

Desde que en tiempo de Carlos V pasaron de la metrópoli a las colonias el espíritu de corporación y los odios municipales, hay en Cumaná -y en otras ciudades comerciantes de Tierra Firme- quien se complace en exagerar las pretenciones nobiliarias de las familias más ilustres de Caracas, conocidas con el nombre de mantuanas.

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En muchas familias de Caracas he hallado gusto por la instrucción, conocimiento de los modelos de literatura francesa e italiana y una predilección decidida por la música, que cultivan con éxito y que sirve para unir las diferentes clases de la sociedad, como lo hace siempre el cultivo de las bellas artes. Las ciencias exactas, el dibujo y la pintura, no tienen aquí grandes establecimientos … en medio de una naturaleza tan prodigiosa y tan rica en producciones, nadie se ocupa del estudio de las plantas y de los minerales en aquellas costas. Solamente en un convento de San Francisco he hallado un venerable anciano que calculaba el almanaque para todas las provincias de Venezuela, y que tenía algunas nociones exactas sobre el estado de la astronomía moderna. Nuestros instrumentos le interesaban vívamente y un día vimos con gran sorpresa llenarse nuestra casa de todos los frailes de San Francisco, que deseaban ver una brújula de inclinación.”

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