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Caminar vuelve al cerebro más creativo y le cura las penas



“Los caminantes no tienen obligaciones, solo el sencillo placer de liberarse paso a paso en su camino”.

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Según el doctor José Ángel Obeso, los beneficios no se notan en el primer día, sino cuando llevamos ya una semana y caminar es un hábito más en nuestras vidas. Es entonces cuando empezamos a notar sus terapéuticos resultados:

 

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    1. Al caminar, el cerebro no tiene que preocuparse de nada. Cuando empieza a estimularse nuestro lóbulo frontal, ese que está relacionado con la creatividad y el estado de ánimo. Si a ello le sumamos la liberación natural de endorfinas, es entonces cuando aparece la magia. El cerebro se siente más eufórico y optimista.

 

    1.  Un mejor estado de ánimo, aparece un aumento de la creatividad. No hay presiones, la hormona del cortisol que se segrega con el estrés desaparece y se rompen esos muros que, habitualmente, nos traen el negativismo. Es el momento en que vemos las cosas de otro modo. Nos notamos más relajadas, más entusiastas, más confiadas.

 

    1.  El simple hecho de empezar a caminar por un espacio natural y abierto se convierte en un maravilloso acto de liberación y de expansión.

 

  1. Debemos buscar, ante todo, el contacto con la naturaleza. Lo ideal es que nuestros pulmones se llenen de oxigeno puro, y  también es necesario que nuestros ojos se encuentren con escenarios nuevos, con nuevos estímulos con los que se enriquezca nuestro cerebro.